CLÁSICOS: SIN PERDÓN
El día que Eastwood decidió juntar a Gene Hackman, Richard Harris, Morgan Freeman y él mismo delante de una cámara (los cuatro en un momento de madurez interpretativa absoluta) debió de pensar, mejor dicho, debió de saber que tenía entre las manos algo que iba a recordarse. Como no parece tener excesivos problemas de humildad debía constarle que prestar su corpachón gastado y su mirada incólume al terrible y desdichado asesino William Munny era un punto de partida inmejorable. Nos lo encontramos al comienzo de la historia rehabilitado, persiguiendo torpemente a unos cerdos de los que saca el sustento de su familia y que lo esquivan una y otra vez. Pero en la primera ocasión en que decide apelar al asesino dentro de sí, para cobrar el dinero que unas prostitutas ofrecen a quien liquide a los 'cowboys' que han vejado a una de ellas, basta que mire a cámara, o a cualquiera de los demás personajes, para que sepamos que es él, ese tipo al que la voz en off que abre la película define como un hombre de carácter destemplado y notoriamente disoluto.
Pero qué decir del temible cazarrecompensas británico encarnado por Richard Harris, apodado 'el Duque', que acude a disputarle el premio. O de Little Bill, el sheriff que se cree capaz de parar a cuantos acudan al reclamo de las meretrices, al que interpreta Gene Hackman y que en una de las más memorables secuencias de la película humilla al Duque, con el recochineo añadido de cambiarle todo el rato el apodo, de Duke a Duck (pato). O, en fin, del amigo de Munny a quien da vida, en uno de sus más sobrios y hermosos papeles, el siempre seguro Morgan Freeman. Rodar con actores así es jugar con demasiada ventaja, algo abusivo para quienes tratan de perpetrar películas con intérpretes corrientes. Bien dirigidos, como Eastwood ha demostrado sobradamente que sabe hacer, son capaces de conseguir que la pantalla tiemble con la tensión que surge entre ellos.
Súmele a lo anterior el impecable elenco de secundarios (ese detallito que es la gran baza del cine norteamericano, incluso del de menor nivel, y que es en cambio el talón de Aquiles que hunde a otros, incluso en sus mejores manifestaciones). O la fotografía espléndida, ya sea en campo abierto, ya en la oscuridad de la taberna, la fiebre o las noches lluviosas que se suceden a lo largo del relato. O la sencillísima pero sobrecogedora música original del propio Eastwood. Sólo falta un texto que esté a la altura (máxima) del resto de los ingredientes. Y para terminar de redondearlo, he aquí que Eastwood lo tiene. No el texto. Sino el Texto. Una de las más bellas demostraciones de ese axioma que los cineastas imprudentes ignoran (o si no lo ignoran, porque ningún cineasta sensato puede permitirse tal despropósito, prefieren pasarlo por alto): no hay película grande con un guión pequeño, nadie filma algo memorable y definitivo si no lo hace a partir de algo memorable y definitivo que ha sido escrito antes, cuando la película no era más que una posibilidad incierta.
El guión de 'Sin perdón' es probablemente uno de los más brillantes de toda la historia del cine. Por la narración perfectamente engarzada, por el desarrollo de los personajes y por su estructura de tragedia clásica (el héroe cuyo don es su maldición, cuya potencia es su vicio, cuyo triunfo es su hundimiento). Pero también por unos diálogos que invitan una y otra vez a quitarse el sombrero.
FICHA TÉCNICA
Año: 1992
País: Estados Unidos
Duración: 126 min
Director: Clint Eastwood
Guión: David Webb Peoples
Música: Lennie Niehaus
Fotografía: Jack N.Green
Reparto: Clint Eastwood, Gene Hackman, Morgan Freeman, Richard Harris, Jaimz Woolvett, ect..
Género: Western - Drama - Venganza
Premios: 4 Oscar - Mejor película - Director - Actor Secundario y Montaje.
Trailer
Puntuación 8,7 sobre 10





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